viernes, noviembre 17, 2006

A propósito de la venta de SANCOR. Respondiendo a OTI. (versión 2.0)

Oti no es una persona que comente mucho. Pero cuando lo hace...

En el post sobre SanCor, OTI me comentaba:
"No entiendo abuelo cómo podés hacer la afirmación "Hasta el momento, las grandes lácteas eran mercadointernistas y no pretendían el desarrollo del sector lácteo "en serio" mirando hacia afuera. En realidad, promovieron políticas de desaliento a tal enfoque", cuando entre 1992 y 1999 la producción de productos lácteos aumentó poco más del 50% y las exportaciones casi un 4.250% (CUATRO MIL DOSCIENTOS CINCUENTA POR CIENTO). Entre 2001 y 2005 la producción aumentó poco más del 5% y las exportaciones casi el 90% (NOVENTA POR CIENTO). ¿Esto es un enfoque mercado internista? (!?). No me imagino lo que sería un enfoque en serio mirando hacia afuera. Menos mal."

Primero lo básico, esos números demuestran sin necesidad de ir a las fuentes que de no exportar nada (o casi nada) alguna empresa se le ocurrió exportar algo. De otra manera es imposible lograr esos porcentuales.

Pero vamos más allá.
La política de las lácteas no es única. En tanto Sancor y otras ex cooperativas (antes Milkaut) operaron siempre buscando oportunidades de momento, entre ella la exportación a partir de la depresión del mercado a partir del `96, La Serenissima volcó gran parte su capacidad al mercado interno y sólo desarrolló "el mercado interno expandido" (Sic de una conferencia del Sector) , Paraguay, Bolivia, y en menor medida Uruguay, Chile y Sur de Brasil.

Ninguna de ellas tuvo una política estratégica de exportación sino que "le llegaban pedidos". Convengamos que la lechería argentina tiene escala y por eso recibe constantes pedidos. Por eso opino que la cuestión es preguntarse sobre si pudo hacer más y mejor.

El big issue viene dado a partir de la salida de la convertibilidad, dado que habiendo bajado los costos internos, el sector se vuelve altamente competitivo y es visto con interés por los grandes grupos lácteos. Surge una alianza, ahora en crisis, entre Fonterra y Nestlé (con excelente trayectoria en el país), y comienzan a comprar leche para producir para exportar a buen precio ($ 0,65) y óptimo pago. De esa manera lograron captar una importante cantidad de leche. Es aquí dónde mete la mano Don Pascual quién convence al gobierno que siguiendo este camino la leche iba a aumentar demasiado. Acto seguido, se cierra la exportación. Fonterra dice de todo menos que Argentina es linda, y el amigo de la bufanda recupera a sus tamberos a $0,52 el litro. Jugada de pizarrón.

Creo que el debate no debe ser cuantitativo, tal como usted propone Sr. Oti, sino que desearía fuera cualitativo. No importa si exportamos muy poco, o algo más que ese muy poco. Importa si se hizo siguiendo una estrategia que apuntara a ganar mercados externos de manera estable, consiguiendo cada vez mejores precios, con relaciones de largo plazo, incrementando el valor agregado de la producción y, con él, favoreciendo a toda la cadena. No creo que haber vendido al exterior espóradicamente excedentes, o cubriendo pedidos específicos (que utilizando los números de manera inteligente pueden dar sus grandes porcentajes), haya sido una política "mirando hacia afuera".

Quiero terminar dejando en claro que pienso que un mercado interno fuerte es necesario si se pretenden exportar especialidades (queso, yogurth, etc.), sino deberiamos pensar en una estrategia a la neozelandesa: exportar leche en polvo.

En fin, por todo esto pienso que nunca se propuso desde el sector exportar "en serio", pero ello no implica que nunca hayamos exportado.

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5 Comentarios:

At 4:07 p. m., Anonymous Marcelo said...

Abuelo, me parece importante algo que remarcás en tu post: el papel jugado en todo este proceso reciente por Don Pascual.
Mastellone es, por lejos, el verdadero operador detrás de lo que se llama “política lechera” en la Argentina.
Desde los ’60, desde la obligatoriedad de la venta de leche pasteurizada, Don Pascual estuvo marcando el paso al Estado.
Revisar un poco algunos lazos de Don Pascual con el gobierno militar del ’76-83 es un lindo ejercicio. Por General Rodríguez tendrán algunas cositas que decir.
No vale quejarse por la manera en que La Serenísima “exprime” a sus tamberos remitentes, porque en eso hay una cierta culpa compartida: los tamberos (más allá de Draletti y su peripatética UTA) piensan y actúan atomizados, y eso les facilita las cosas a Don Pascual.
De hecho, de existir una interprofesional, como las que se han desarrollado en España o Francia, el escenario sería bastante distinto.
En esta “coyuntura láctea”, el gobierno, como en tantos otros sectores, hace arreglos bajo cuerda con alguno de los actores, pero pour la galerie sigue haciéndose el recio… Lo de Moreno es también patético.
Saludos

 
At 6:26 p. m., Blogger Ulschmidt said...

Hubo - dentro de lo poco que conozco - un operador nacional que se lanzó a la exportación, Boglione, con la firma Purísima (las resonancias a la Ser... son obvias) y básicamente secaba leche para vender afuera. Su planta más grande la tiene en Nogoyá. Entró a las cuencas de Mastellone y Sancor con bastante fuerza, levantando el precio, pero lo plancharon con la movida que Ud. relata (aumento de retenciones)

 
At 7:00 p. m., Anonymous Marcelo said...

esa planta de Nogoyá es la que antes pertenecía a Nestlé.

 
At 6:37 a. m., Blogger Ulschmidt said...

Caramba, Abuelo, debo felicitarlo (al menos UN motivo de satisfacción !) por anticipar la movida estatal con el maiz. Efectivamente ya esta casi todo sembrado, efectivamente cerraron las anotaciones a la exportación ( y de paso dieron una lista de precios máximos a los compradores de hacienda en Liniers)

 
At 5:17 p. m., Blogger oti said...

Abuelo, lo que ilustro con los porcentajes es una tendencia que consiste en que sólo aumenta la producción cuando existe el incentivo de exportar, pero, aún así, el nivel total producido es bajo en relación a las necesidades internas. Por ej., en el caso de leches fluidas que pasan por el circuito formal y cumplen con los requisitos de pasteurización, esterilización, etc., la disposición por habitante por día es de 112,5 cm3, esto es bajísimo comparando con el parámetro CBA INDEC de requerimientos calóricos y energéticos (261,36 cm3 por persona por día para el “adulto equivalente” –salvando distancias de sexo y edad dentro de las familias).

En el caso de los productos lácteos (no fluidos, quesos, leche en polvo, manteca, etc.) en los últimos 14 años (1992-2005) mientras que la oferta interna de origen local (sin importaciones) aumentó 15% per cápita, las exportaciones per cápita crecieron 4.691,36%.

No es sólo la elocuencia de los números en sí mismos –cosa que debería llamar la atención–, es lo que significa esto. Suponete, Abuelo, que los productos lácteos argentinos fueron a un país X de igual población en esos 14 años. La oferta interna en ese país X proveniente de la demanda externa de productos lácteos argentinos se incrementó cuatro mil seiscientos noventa y uno por ciento per cápita en ese lapso por la provisión argentina, mientras que a los habitantes de acá se le incrementó un quince por ciento, al mismo tiempo que ocurría un proceso de regresión en la distribución del ingreso muy considerable y caída en el ritmo de crecimiento de la población local.

Qué lógica es esta, Abuelo?

Me tomo el trabajo de explicar todo esto sin saber si mis interlocutores pueden asimilar esto que digo, no me refiero intelectualmente, sino desde el punto de vista de la conciencia.

Se produce más (muy poco más), hay una oferta por debajo de la necesaria para la población local, con el agravante de que el ritmo de crecimiento de esa población es menor en el mediano y largo plazo, el volumen físico de lo que se produce está sujeto a las épocas de auge y caída mientras el volumen físico de lo que se oferta al exterior crece casi siempre. Todo esto determina un saldo de estancamiento de la oferta interna física per cápita en un nivel que está por debajo de los parámetros mínimamente normales.

Si nosotros estuviéramos en una mesa, comiendo, cada uno con su plato, y hay otros platos que se sacan por la ventana, y cada vez se van agregando más y más comensales (en términos absolutos, aunque a un ritmo inconstantemente menor), pero los platos que servimos son siempre más o menos los mismos, con el agravante que los que se van por la ventana son cada vez más (en términos absolutos y en ritmo de crecimiento), qué diríamos de una situación así? A mi me resulta francamente insana. ¿Trataríamos de adaptarnos a esa situación con intentos cada vez más incómodos en la medida que aumentan los comensales insatisfechos? ¿O trataríamos de volver a una situación más cómoda y saludable?

En la gran mesa de la Argentina quizá a muchos les cueste sentir esa condición insana. O, en todo caso, experimentan los efectos pero no como síntomas de la enfermedad de esa condición (robos, asaltos, inseguridad, delincuencia juvenil e infantil, etc.). O, muchos creerán, llevados por el espíritu sofista, que, incluso, no existe tal mesa de Argentina y que somos 39 millones de mesas o 10 millones de familias que por casualidad y yuxtaposición sobre el territorio estamos obligados a ser vecinos uno del otro.

 

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