El suplemento Cash de Página/12 y el
suplemento Rural de Clarín abordaron el mismo tema: la nutrición. (algo de color, el autor de la nota de clarín no se llama Angel sino Sergio Britos). Ambas notas tienen aspectos muy destacables pero la de Britos, en particular, me pareció sensacional. A propósito, recomiendo leer
el documento (de unas pocas carillas) que da origen a dicha nota en el diario y que es mucho más rico.
En Cash se dice que la pobreza es un problema en Argentina y una de sus caras es el hambre, justamente en un país que produce 90 millones de toneladas afirma. Cita la cantidad de chicos por debajo del peso esperado (4.1%) y de los que presentan obesidad (8.1%) y un 0.9% de subpeso marcado. La obesidad surge como el problema mayor pero no es por exceso de comida sana y una mala elección a la hora de comprar los alimentos, sino que se trata de la misma pobreza que al no permitir acceder a frutas y verduras para toda la familia termina recayendo en las posibilidades de adquisición: canasta alimentaria rica en hidratos de carbono, y baja en hierro, calcio y otros micronutrientes (pan, papas, fideos guiseros, azúcar y carnaza).
En este punto, luego del diagnóstico, se pone interesante pasar a la nota de Clarín. Britos habla de la bomba sanitaria y el riesgo que implica la obesidad en Argentina. Lo interesante es que relaciona la problemática con el problema inflacionario y el costo de los alimentos en conjunción con las retenciones y otras medidas aplicadas por el gobierno.
El autor considera que no tienen porque ser antagónicos los objetivos de crecimiento del país, con su lógica en materia de precios, y el sector agroindustrial. Para desmitificar propone un claro ejemplo:
Un ejemplo lo ha dado esta misma gestión de gobierno en el área de Salud cuando ya desde 2002 puso decididamente en ejecución sendos programas de fortificación de la leche primero y de la harina más tarde, con el objetivo de reducir la anemia por deficiencia de hierro en la infancia y la deficiencia nutricional de ácido fólico en mujeres en edad fértil.
Ambos problemas fueron debidamente identificados, la industria apoyó y acompañó la política de fortificación planteada por las autoridades y el Ministerio de Salud condujo con decisión la implementación de los programas.
Continúa remarcando cosas poco conocidas y de aparente fácil solución. Por ejemplo que el perfil nutricional de los alimentos que se distribuyen en los clásicos programas de reparto de cajas y los menús de gran parte de los comedores comunitarios tienen un sesgo "obesogénico", dado por un alto, quizá excesivo, aporte de calorías de baja calidad.
Luego parece proponer algo así como el programa Food Stamp de Estados Unidos al decir que el mismo impulso que el propio Gobierno da a formatos modernos de asistencia -las tarjetas magnéticas de compra de alimentos por ejemplo- puede aplicarse a comedores escolares, a través de una mejor programación de menúes, profesionalización de la tarea del comedor y una organización moderna y eficiente de los recursos que se le destinan.
Britos se hace la gran pregunta: ¿Por qué el sector agroalimentario y la Secretaría de Agricultura y Ganadería no tienen injerencia en la discusión de estos temas? Tan sólo con los casi 6 millones de chicos que van a la primaria estamos hablando de unas 600 tn de pan, 1.200 de leche y 1.200 de frutas por día. Cifra que debiera despertar el interés y la vocación por generar alianzas más que antagonismos. Pregunta que parece no encontrar respuestas y podría poner colorado a más de un funcionario.
Según los cálculos del autor de la nota, si el 10% de los argentinos está por debajo de la línea de indigencia por sus bajos ingresos esto significa que algo más de 33 millones no nos encontramos en una situación tan gravosa por los aumentos de precios de alimentos, entonces dice: "alguien se preguntó por qué entonces el sector agroalimentario al que se le imponen retenciones, se le limitan o prohíben exportaciones o se los controla y regula, tiene que subsidiar a toda la población y no sólo a quienes no acceden a la canasta básica de alimentos (CBA)."
Seguro que sí pienso yo, pero en ese contexto donde se deja fluctuar el precio de los alimentos y se subsidia a los realmente necesitados no permite solucionar el verdadero problema de Kirchner: la inflación.
Etiquetas: alimentación, food stamp, hambre, inflación, IPC, nutrición, política agroindustrial, retenciones; derechos de exportación, sector agroindustrial